¿Qué es la iglesia?

La iglesia ocupa un lugar central en la vida cristiana.

Sin embargo, muchas veces pensamos en ella principalmente como un lugar, un edificio, una reunión semanal o una organización religiosa.

Pero en la Escritura, la iglesia es algo mucho más profundo.

La iglesia es el pueblo que Cristo ha redimido, reúne y gobierna por medio de su Palabra.

No pertenece al pastor, a una familia ni a una tradición humana.

Pertenece a Cristo.

Cristo edifica su iglesia

Jesús dijo:

“edificaré Mi iglesia” (Mateo 16:18, LBLA)

La iglesia existe porque Cristo la edifica.

Él llama a su pueblo, lo salva, lo reúne y lo sostiene. Eso significa que la iglesia no es una idea creada por hombres ni una institución que podamos redefinir según nuestras preferencias.

Cristo es su Señor.

Él determina su mensaje, su misión, su orden y su adoración por medio de su Palabra.

La iglesia no es un edificio

Durante siglos, la palabra iglesia llegó a usarse para hablar del edificio donde los creyentes se reúnen.

Pero el edificio no es la iglesia.

La iglesia son las personas.

Podemos reunirnos en un templo, una casa, un salón alquilado o cualquier otro lugar adecuado. Lo que hace iglesia a una congregación no son sus paredes, sino que allí hay creyentes reunidos en el nombre de Cristo y bajo la autoridad de su Palabra.

Existe una iglesia universal

La Biblia también habla de la iglesia en un sentido amplio.

Todos los verdaderos creyentes, de toda época y lugar, pertenecen al pueblo de Cristo.

Hay hermanos que nunca conoceremos en esta vida. Vivieron siglos antes que nosotros, hablan otros idiomas y pertenecen a otras naciones.

Pero si están unidos a Cristo, forman parte del mismo pueblo redimido.

Esa es la iglesia universal.

Pero la vida cristiana se vive en una iglesia local

Aunque existe una iglesia universal, el Nuevo Testamento no presenta la vida cristiana como algo aislado.

Los creyentes se reúnen en congregaciones concretas. Se conocen, se cuidan, se enseñan, se corrigen, se sirven y se someten unos a otros.

Participan juntos del bautismo y de la Cena del Señor, escuchan la Palabra, oran y adoran.

Por eso la iglesia local no es un detalle secundario de la vida cristiana.

Es el lugar ordinario donde el creyente aprende a vivir como parte del cuerpo de Cristo.

La iglesia es una comunidad identificable

En el Nuevo Testamento vemos iglesias concretas en lugares concretos: Corinto, Éfeso, Filipos, Tesalónica y Roma.

Esas congregaciones sabían quiénes formaban parte de ellas.

Había pastores, miembros, responsabilidades mutuas, disciplina y cuidado.

Esto muestra que pertenecer a una iglesia es mucho más que asistir de vez en cuando.

Implica ser conocido y caminar con otros creyentes bajo un compromiso real.

La Palabra ocupa el centro

Una iglesia fiel debe ser gobernada por la Palabra de Dios.

No por la personalidad del pastor, las modas, la presión cultural ni las preferencias de los miembros.

La Escritura regula la fe y la vida de la iglesia.

Por eso la predicación, la enseñanza y la lectura de la Palabra ocupan un lugar central.

La iglesia necesita escuchar continuamente la voz de su Señor.

Las ordenanzas hacen visible el evangelio

Cristo también dio a su iglesia ordenanzas visibles: el bautismo y la Cena del Señor.

El bautismo identifica públicamente a una persona con Cristo y con su pueblo.

La Cena recuerda y proclama la muerte de Cristo.

No son simples tradiciones religiosas.

Son dones que Cristo dio a su iglesia para enseñar, confirmar y fortalecer a su pueblo.

La iglesia tiene pastores y miembros

Cristo también ordenó que sus iglesias fueran cuidadas por pastores o ancianos.

Los pastores no gobiernan como dueños. Sirven bajo la autoridad de Cristo.

Su responsabilidad es enseñar la Palabra, cuidar las almas y guiar a la congregación con fidelidad.

Pero la vida de la iglesia no depende solamente de los pastores.

Los miembros también tienen responsabilidades: amarse, exhortarse, perdonarse, servirse, llevar las cargas unos de otros y orar unos por otros.

La iglesia es un cuerpo.

Cada miembro importa.

La disciplina también es parte del cuidado

Hablar de iglesia también significa hablar de disciplina.

Eso puede sonar duro, pero la disciplina bíblica es una forma de cuidado.

Cuando un creyente persiste abiertamente en pecado y se niega a arrepentirse, la iglesia no debe actuar como si nada ocurriera.

La corrección, la amonestación y, en casos extremos, la exclusión de la membresía buscan proteger a la iglesia y llamar al pecador al arrepentimiento.

La disciplina no es contraria al amor.

Bien ejercida, es una expresión de amor y fidelidad.

La iglesia no es un lugar para consumidores

Vivimos en una cultura donde muchas personas evalúan una iglesia como si fuera un servicio.

¿Me gusta la música? ¿Me gusta el predicador? ¿Hay actividades para mis hijos? ¿Me siento cómodo?

Pero la iglesia no existe principalmente para satisfacer nuestras preferencias.

Somos llamados a servir, dar, amar, comprometernos, permanecer, llevar cargas y ser parte del cuerpo.

La pregunta no debería ser solamente: “¿Qué recibo de esta iglesia?”

También debemos preguntar:

“¿Cómo puedo servir al pueblo de Cristo?”

La iglesia y la familia no compiten

Para una familia cristiana, es importante comprender que la iglesia no reemplaza al hogar.

Los padres siguen teniendo una responsabilidad particular en la formación de sus hijos.

Pero el hogar tampoco reemplaza a la iglesia.

Una familia cristiana no fue diseñada para vivir aislada. Necesita la predicación de la Palabra, pastores, otros creyentes, comunión, corrección y oportunidades para servir y ser servida.

Familia e iglesia tienen responsabilidades distintas, pero pueden fortalecerse mutuamente.

Nuestros hijos necesitan conocer la iglesia como pueblo

A veces los niños pueden crecer pensando que la iglesia es simplemente el lugar al que van los domingos.

Pero queremos enseñarles algo más profundo.

La iglesia son hermanos y hermanas: personas por quienes oramos, personas a quienes servimos, personas que nos enseñan y personas con quienes compartimos alegrías y dificultades.

Nuestros hijos deberían crecer viendo que la iglesia no es una actividad más dentro de la semana.

Es parte de nuestra vida.

La iglesia da testimonio del evangelio

Cuando creyentes muy distintos aprenden a amarse, perdonarse y servir juntos, muestran algo del poder del evangelio.

La iglesia no es perfecta.

Está formada por pecadores redimidos que todavía necesitan gracia.

Habrá conflictos, errores y debilidades.

Pero precisamente allí el evangelio se vuelve visible: cuando perdonamos, restauramos, servimos y perseveramos juntos.

Cristo preserva a su iglesia

La historia de la iglesia está llena de debilidad humana: errores, persecución, divisiones y falsas enseñanzas.

Y, sin embargo, Cristo ha preservado a su pueblo.

Eso debería darnos confianza.

La esperanza de la iglesia no descansa finalmente en la capacidad de sus líderes ni en la fuerza de sus miembros.

Descansa en Cristo.

Él prometió edificar su iglesia.

Un pueblo que pertenece a Cristo

La iglesia no es un evento al que asistimos una vez por semana.

Es un pueblo al que Cristo nos une.

Un pueblo que escucha su Palabra, celebra sus ordenanzas, sirve bajo su autoridad, se cuida mutuamente y da testimonio de su evangelio.

La iglesia no es simplemente un lugar al que vamos, sino el pueblo que Cristo ha comprado para sí y en el que nos llama a adorarlo, servirnos mutuamente y perseverar juntos en la fe.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio