Una fe que se vive en casa

Es posible hablar de teología como si fuera un asunto lejano de la vida cotidiana.

Doctrinas.
Definiciones.
Debates.
Libros.

Pero la verdadera teología nunca permanece únicamente en la mente.

Si conocemos al Dios de las Escrituras, ese conocimiento necesariamente toca la manera en que vivimos. Y uno de los primeros lugares donde debe verse es en casa.

Lo que creemos aparece en nuestras reacciones

Podemos afirmar que Dios es soberano y, al mismo tiempo, vivir dominados por la ansiedad.

Podemos hablar de gracia y ser impacientes con nuestros hijos.

Podemos defender la doctrina del pecado y sorprendernos continuamente cuando otros pecan contra nosotros.

En esos momentos descubrimos que conocer una verdad y vivir a la luz de ella no siempre son lo mismo.

La vida del hogar expone esa distancia con mucha claridad.

La teología transforma la manera de educar

Si creemos que nuestros hijos son criaturas hechas a imagen de Dios, no los tratamos simplemente como proyectos que deben producir buenos resultados.

Si creemos en la realidad del pecado, no pensamos que una buena técnica educativa puede transformar por sí sola el corazón.

Si creemos en la gracia, aprendemos a corregir sin desesperanza.

Si creemos que Dios obra por medio de su Palabra, procuramos llenar el hogar de verdad bíblica y no solamente de reglas.

La doctrina cambia la manera en que entendemos la educación.

La gracia también debe sentirse en casa

Nuestros hijos no solamente deben escuchar la palabra gracia.

Deben verla.

La ven cuando pedimos perdón.
Cuando reconocemos nuestros errores.
Cuando corregimos sin humillar.
Cuando mostramos paciencia.
Cuando recordamos que nosotros también dependemos completamente de la misericordia de Dios.

Un hogar cristiano no es un hogar donde nadie falla.

Es un hogar donde la verdad y la gracia tienen un lugar real.

La adoración no termina el domingo

La vida de iglesia es indispensable para el creyente, pero la adoración no está limitada al culto congregacional.

También adoramos a Dios cuando trabajamos con fidelidad, cuando servimos a nuestra familia, cuando leemos su Palabra, cuando enseñamos a nuestros hijos y cuando damos gracias por las cosas ordinarias.

La fe cristiana entra en la cocina, en el dormitorio, en la mesa y en las conversaciones familiares.

La doctrina debe producir vida

La teología es preciosa porque nos ayuda a conocer mejor a Dios.

Pero ese conocimiento debe conducir a algo.

A una adoración más profunda.
A una obediencia más humilde.
A una mayor paciencia.
A un amor más sacrificial.
A una vida más fiel.

Si nuestras convicciones nunca llegan a nuestras relaciones, nuestras decisiones y nuestra vida cotidiana, algo está incompleto.

La fe cristiana no fue dada solamente para ser defendida.

Fue dada para ser vivida.

Y uno de los lugares más importantes donde debe vivirse es en casa.

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